• Dado que están conformadas en más de 85 % de hidrocarburos, la quema de llantas genera contaminantes atmosféricos de alta peligrosidad para el recurso aire y la salud de las personas.
• Al ser abandonadas en cualquier sitio generan deterioro paisajístico, ocupación del espacio público y pueden obstruir sistemas de drenaje, incrementando el riesgo de inundaciones.
• “Ante los pronósticos de un intenso fenómeno de El Niño, la adecuada disposición de estos elementos es una responsabilidad compartida por generadores y gestores”: Director operativo de la Subdirección de Autoridad Ambiental CAR













Bogotá, 18 de julio de 2026.- #LaCARactúa. En el marco de la Ruta de Preparación Climática, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca – CAR fortaleció las acciones de control y vigilancia de cualquier práctica que pueda generar riesgos para el ambiente y para la salud de las comunidades, entre ellas, la mala disposición de las llantas usadas.
Si bien estos elementos no se consideran residuos peligrosos, su gestión y manejo debe hacerse conforme a lo establecido en la Resolución 1326 de 2017 expedida por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la cual define el procedimiento para recolección selectiva y la adecuada gestión ambiental de llantas usadas.
“Debido a los materiales de los que están hechas, las llantas de vehículos, motocicletas y bicicletas que son dadas de baja requieren una gestión ambiental adecuada para prevenir impactos negativos sobre el ambiente y la salud pública”, afirmó Alberto Acero, director operativo de la Subdirección de Autoridad Ambiental de la CAR.
El funcionario explicó que uno de ellos es que se utilizan como material de inicio para quemas a cielo abierto y como combustible en hornos artesanales para la producción de panela y otros procesos industriales informales, dispersando sustancias altamente tóxicas, dado que están conformadas en más de 85 % de hidrocarburos.
Por ello, al entrar en contacto con altas temperaturas se generan, además de material particulado, contaminantes atmosféricos como monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y azufre, compuestos orgánicos volátiles e hidrocarburos aromáticos, buena parte de los cuales tienen alto potencial cancerígeno.
“Como si esto fuera poco, el almacenamiento inadecuado a la intemperie de las llantas usadas favorece la acumulación de agua lluvia en su interior convirtiéndolas en criaderos de mosquitos transmisores de enfermedades como dengue, zika y chikunguña, además de propiciar la presencia de roedores y otros vectores”, agregó el director Acero.
Otro de los impactos de las llantas usadas tiene que ver con los lugares en que se desechan, pues al ser abandonadas en cualquier sitio generan deterioro paisajístico, ocupación del espacio público y pueden obstruir sistemas de drenaje, incrementando el riesgo de inundaciones.
¿Cómo se controla el destino final de estos elementos?
La CAR, a través de sus equipos técnicos regionales realiza operativos de control y vigilancia para que tanto generadores como gestores de llantas cumplan con los requisitos, permisos, autorizaciones o registros exigidos por la autoridad ambiental, según la actividad desarrollada.
En la jurisdicción de la CAR existen gestores registrados para realizar actividades de recolección, almacenamiento, aprovechamiento y valorización de llantas usadas, y cada día son más las personas y empresas que mediante esquemas de economía circular convierten las llantas desechadas en materiales para la construcción, el control de erosión, artesanías y otros elementos de valor agregado.
“Como autoridad ambiental hemos fortalecido nuestras acciones de control y vigilancia para que se aplique de manera integral la normatividad vigente, pues ante los pronósticos de un intenso fenómeno de El Niño, la adecuada disposición de estos elementos es una responsabilidad compartida por generadores y gestores del territorio”, puntualizó el director operativo Alberto Acero.
