Voto en Blanco
Votar en blanco en un sistema democrático, es un impulso filosófico, estético de la potencia interpretativa trascendental del ser histórico de la nación y del hecho atómico del ciudadano, en su realidad: Colombia, atraviesa complejos desafíos sociales, políticos y económicos; la polarización de los pensamientos políticos desgasta el sostenimiento público y el impacto productivo del país.

La humanidad en el existencialismo de la historia, por encontrar un equilibrio entre los poderes sociales y políticos, entre los dueños de los medios de producción, y los trabajadores, entre los ricos y pobres; nunca se ha logrado ajustar el piñón en un derecho, equitativo y justo, en las contradicciones naturales en la sociedad: el voto en blanco es una crítica, un punto de equilibrio, una protesta política y filosófica: en lugar de simplemente no votar o abstenerse, que a veces se interpreta como indiferencia o falta de compromiso: el voto en blanco envía el mensaje que la democracia no es solo una cuestión de elecciones, sino de participación activa y responsable.
En un país como Colombia, donde la polarización y la desconfianza en las instituciones públicas y en los entes políticos son frecuentes, votar en blanco es una alternativa pacífica para aquellos que no se sienten representados por los candidatos disponibles. A través de éste, el elector expresa que, pese a participar en el proceso electoral, no considera que las opciones presentadas sean adecuadas para liderar el país.
Buscando la reivindicación de la república y el poder ciudadano, el voto es un derecho, pero también es un deber moral. Votar en blanco implica reconocer que la elección no solo es un derecho para elegir, sino también un derecho para rechazar. Es una forma de decir NO estoy dispuesto a conformarme; exige cambios en la oferta, en las ternas políticas.
La potencia colectica, el espíritu del pueblo está en movimiento, vivo y evoluciona, votar en blanco, es un proceso que nos toca vivir como nación, como la alegría y la tristeza, no es simplemente negarse a elegir; es una forma de generar conciencia política colectiva.
Es un desafío a la corrupción y a las malas prácticas políticas, Colombia ha tenido una historia marcada por la corrupción en muchos de sus sistemas políticos y administrativos. El voto en blanco es una respuesta al atasco generado con candidatos que no representan a las mayorías, o que están vinculados con prácticas corruptas teniendo resultados nefastos en décadas y siglos en los procesos de desarrollo de los territorios, en una democracia de las minorías, burocrática y oligarca.
En Colombia, como en muchos países, existe una cultura política basada en la polarización y las alianzas tradicionales que no reflejan el verdadero interés del pueblo. Si el voto en blanco se masifica, tendría el poder de transformar las dinámicas políticas. Los partidos tradicionales se verían presionados a cambiar su enfoque, a escuchar a sus electores, a promover candidaturas más responsables, transparentes y comprometidas con las necesidades de la gente.
En Colombia, si el voto en blanco obtiene un porcentaje considerable en una elección, la ley electoral establece que, si más del 35% de los votos son en blanco, los comicios pueden ser anulados y convocarse nuevas elecciones. Esto actúa como freno a la falta de representatividad, y ejerce presión a los políticos y el sistema electoral.
Un voto en blanco consciente implica una reflexión crítica sobre el sistema político y los candidatos. En vez de aceptar pasivamente las propuestas existentes, el ciudadano se convierte en el hecho de un cambio, capaz de cuestionar, reflexionar y exigir mejor liderazgo, creando una cultura de mayor exigencia democrática y una filosofía política.
El voto en blanco tiene una filosofía, una forma de reivindicar la calidad democrática y una exigencia en las propuestas. Para nosotros, tiene una reflexión profunda sobre la política, una mayor exigencia de transparencia y ética en los líderes, una renovación en la forma de hacer política, que finalmente lleve a una mayor estabilidad y justicia social. Si la ciudadanía comienza a entender y asumir el voto en blanco no como una abstención pasiva, sino como una respuesta activa, consciente y moral, su objeto, el espíritu democrático estará vivo y centrado en su gente en el pueblo, en el deber ser: Una república de ciudadanos.
Hector Darío Barragán Suárez
