Por Dios Ve Noticias 16 de diciembre de 2025
Cada diciembre en Colombia, el estruendo de la pólvora y los fuegos artificiales vuelve a llenar calles y barrios. Para muchas familias, siguen siendo un símbolo de celebración familiar y alegría. Sin embargo, cada año las estadísticas y las tragedias dejan en claro que esta tradición arrastra un costo alto, decenas de personas lesionadas, muchos de ellos niños y adolescentes, y riesgos que van desde quemaduras graves hasta daños auditivos y afectaciones psicológicas.

El uso de la pólvora en Colombia no surgió de manera espontánea. Historiadores y sociólogos señalan que su arraigo se remonta al periodo colonial, cuando la pólvora estaba asociada tanto a rituales religiosos como a ceremonias militares. Con el paso de los siglos, esa mezcla de ruido, fuego y celebración se fue incorporando al imaginario colectivo como parte esencial de festividades populares.
En la actualidad teniendo restricciones legales y las advertencias de salud pública, muchas personas siguen viendo la pólvora como un componente legítimo e incluso necesario de la fiesta.
La dificultad cultural para desapegarse de prácticas tradicionales es uno de los retos centrales que enfrentan las campañas de prevención.
Las cifras son alarmantes: en Bogotá se reportaron decenas de personas lesionadas por el uso de pólvora en lo que va de la temporada navideña, con niños entre los afectados y un porcentaje considerable de incidentes relacionados con el consumo de alcohol al momento de manipular artefactos pirotécnicos.
A nivel nacional, durante las festividades miles de personas han resultado heridas en años recientes por el uso indebido de pólvora, especialmente entre menores de edad. Las lesiones más comunes incluyen quemaduras de distinta gravedad, laceraciones y daños auditivos, y los accidentes ocurren principalmente cuando los artefactos son manipulados sin medidas de seguridad o por personas sin experiencia.
Frente a esta realidad, el Congreso de la República ha discutido iniciativas como el proyecto conocido como Cielos en Calma, que busca endurecer la regulación del uso de pólvora, proteger a las poblaciones más vulnerables y limitar los niveles de ruido y tiempos permitidos para espectáculos pirotécnicos.
Mientras tanto, gremios pirotécnicos señalan que una prohibición estricta podría empujar la actividad hacia la clandestinidad, con mayores riesgos para todos. Además, plantean que la transición hacia alternativas como espectáculos con tecnologías como drones o pirotecnia menos estridente requiere de inversión, capacitación técnica y voluntad política.
